Belgrado en 24h

La crónica de mis 24 horas en Belgrado. La capital de Serbia y sus rincones.

Mountains project, un fin de año diferente

Montaña, cantidades indecentes de sidra, 15 nuevos amigos, un fin de año inolvidable.

Sarajevo, 20 años después

Dos décadas después del inicio de la Guerra que separaría la Federación Yugoslava, Sarajevo conmemora la fecha y recuerda a las víctimas caídas en el conflicto. Mi paso por la ciudad y las impresiones que me produjo la capital de Bosnia y Herzegovina.

Sopotnica, un paraíso aíslado

Sopotnica, un enclave montañoso al suroeste de Serbia, recibe a 37 jóvenes en su "Casa de los montañeros" para hablar de ecología. En ese paraíso aislado, disfrutamos realmente de lo que es alejarse de la civilización durante dos semanas.

Bruselas es algo más

La ciudad de Bruselas a través de la entrevista a Juan Carlos Belloso, encargado de la marca Barcelona.

domingo, 8 de abril de 2012

Volver

Volver siempre me resulta difícil. Un viaje positivo en algún aspecto siempre te arrastra a la fantasía y a la burbuja que lo forman, y volver a la realidad se convierte en algo complicado, que parece incluso imposible.
15 días de desconexión son más que suficiente para sufrir una de esas mini depresiones post-viaje. Los síntomas, en mi caso, son:

- desorden, que refleja mi mal humor y malestar.
- la maleta por deshacer. Cuanto más tiempo parezca que aun estoy de viaje, mejor.
- Todo fuera de sitio.
- Aislamiento social.
- sensibilidad extrema.
- agobio ante las 1.000 tareas por hacer.

Ante esto, hace unos días entendí qué es lo que me hace cambiar de humor. Aunque llegar a hacerlo también me supone un gran gran esfuerzo. Son dos cosas básicas:

- lista de cosas por hacer (y empezar a tachar elementos de la lista cuanto antes mejor).
- Limpiar la habitación.

Limpiar la habitación es un acto de purificación tras un viaje. Deshacerse de cosas que no usas y organizar el espacio dan paso, casi sin querer, a algo parecido a un "nuevo comienzo". De algún modo, organizar la habitación es como organizar tu vida. Y eso te mantiene motivado, por lo menos, hasta el próximo viaje (y la próxima vuelta). 




Sopotnica, un paraíso aislado

Llegar a Prijepolje desde Sarajevo es una odisea de cuatro horas por carreteras serbias y bosnias, sin cinturones de seguridad y adelantos en tramos peligrosos. Pero no me preguntéis más. Dormí casi todo el camino.

De Prijepolje a Sopotnica, donde se encuentra la Casa de los Montañeros (The mountaineers home), hay otros 20 minutos interminables. Sopotnica no es ni un pueblo ni una aldea. Son casas independientes, una a media hora de camino de otra, dónde lo más conocido de la zona son sus cascadas. Cascadas infinitas que anuncian ya la llegada de la primavera con el deshielo de la nieve, que cae líquida desde la cima de las montañas más altas. 

El equipo español, a los pies de una de las cascadas de Sopotnica
En este paraje montañoso amanece pronto, cuando despierta el gallo. Dino, nuestro cocinero, va a por el pan a las 7 de la mañana para que podamos comerlo en el desayuno, a las 9. Cuando se acaban los huevos, no hay más hasta que las gallinas no ponen. Y si no hay tomate de lata para hacer paella, no se puede bajar al súper a buscarlo. 37 jóvenes trabajan juntos para entender algo más sobre las eco aldeas. Los 37 compartimos un baño, cuatro letrinas y dos duchas.
Letrinas de montaña
El colegio quedó abandonado cuando los niños crecieron. Cuando se construyó la Casa de los Montañeros, se esperaba que atrajese turismo a la zona, y quizá familias con niños que quisiesen quedarse a vivir. De momento, no ha sido así, y la escuela de Sopotnica sigue cerrada. 

Aquí "nadie" se distrae con internet, porque aquí no hay cobertura. Y a nadie parece importarle. Aquí importa más mantener el fuego avivado que actualizar tu estado de facebook. En los ratos libres nos sentamos junto al fuego o detrás de la casa, dónde las vistas son impresionantes: un mar de montañas que no tiene fin, y una puesta de sol anaranjada que te deja sin aliento. De fondo sólo se oye a los músicos del grupo entonar melodías positivas. Suenan "The Beatles", "Guns n' roses", "The rolling stones" y todos cantamos a coro.





Cuando cae la noche en Sopotnica, en la Casa de los Montañeros sólo se escuchan risas y música.  Los 37 disfrutamos de ese paraíso aislado de la civilización, de la lejanía de la rutina habitual. Nos olvidamos de lo que hay más allá de las montañas de Serbia. 

Puesta de sol en Sopotnica

viernes, 6 de abril de 2012

Sarajevo, 20 años después

Hace dos semanas llenaba mi maleta para descubrir una ciudad que hoy hace dos décadas empezaba un sufrimiento que se prolongaría durante 4 largos años.

Hace 20 años que los ciudadanos de Sarajevo vivían con incertidumbre, que miraban al cielo con miedo, que los y las jóvenes como yo, que por entonces eran (éramos) críos, se metían en la cama con sus padres para sentirse protegidos y no escuchar los bombardeos o disparos que atravesaban los edificios.

6 de abril de 1992
En esta fecha tan señalada empezaba una guerra entre musulmanes, serbios y croatas, un conflicto que llevó a la descomposición de la antigua Federación Yugoslava.
Mapa del bloqueo de la ciudad
44 meses aguantó la ciudad de Sarajevo bajo el asedio de las tropas serbobosnias, instaladas en los montes de los alrededores. Una de las vías de escape a ese asedio fue el túnel de la guerra, hoy convertido en museo. Este túnel, de aproximadamente 800 metros, recorría subterráneamente desde la zona libre hasta la zona ocupada, y a través de él se transportaban alimentos y comida.

El túnel de la Guerra

Hoy se rinde homenaje, en Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina, a todos los que murieron en este conflicto. Y para hacerlo, han instalado en la avenida principal 11.541 asientos de color rojo, que simbolizan el número de las vidas que se perdieron, frente a un escenario en el que hoy se han podido ver conciertos, baile y otras presentaciones. En esta “Línia roja de Sarajevo”, se ha instalado también una pantalla gigante donde se podían leer los nombres de las víctimas.


Sarajevo, hoy
Hoy, en Sarajevo luce el sol, la gente sonríe por las calles. Las terrazas, abarrotadas de gente con ansias de vida social. Las largas avenidas por donde apenas se puede caminar sin chocar unos contra otros. Los centros comerciales, hasta arriba. Las tiendas no cesan su actividad. En el Sport bar te hacen una pizza a las 10 de la mañana. Y en la kaffana que hace esquina, en el barrio antiguo, el Bascarsija, te sirven cevapi o piletina con patatas hasta la hora que quieras, siempre y cuando lo acompañes con un buen trago de Rakija.

Bascarsija, el barrio antiguo de Sarajevo


Hoy, en Sarajevo es imprescindible pasearse por el Bascarsija, y disfrutar de la artesanía tradicional que se vende en su bazar. Un bazar acogedor, como la ciudad de Sarajevo, cuyos comerciantes te sonríen al pasar y te invitan a disfrutar de sus pequeñas tiendas. 
Es el caso de “The old Bazaar”, un establecimiento de antigüedades y souvenirs que ha pasado de padres a hijos durante ocho generaciones y de la cual hoy se encargan Azra y su padre. Azra os dará la bienvenida en su español de telenovela y os hará un tour por el museo de la tienda, el único museo de piezas hechas a mano y de antigüedades que podéis encontrar en aquella zona.

Azra y su padre en "The Old Bazaar"

Pasear junto al río es contemplar el escenario de una guerra que parece ya olvidada fuera de las fronteras ex yugoslavas. Pero los agujeros en las paredes de los edificios revelan el pasado reciente de la capital bosnia. Aun así, esa estética forma ya parte de la estética de la ciudad, no es algo extravagante para su población, pero si para los viajeros o turistas que no cesan de fotografiar edificios maltratados por la guerra.

Bistrik es uno de los barrios altos de la ciudad. Situado a media montaña, ofrece una de las mejores vistas de Sarajevo y de su puesta de sol. Si decidís pasar por allí, hacedlo en el Restaurante Park Princeva, un restaurante con unos precios un poco más elevados, pero cuyas vistas valen la pena.
Puesta de sol sobre Sarajevo


Si Sarajevo es vuestro destino como lo fue el mío hace dos semanas, descubriréis una Sarajevo acogedora, familiar, dónde se respira relax y tranquilidad en todas sus esquinas. La gente se toma las cosas con calma y te transmite ese espíritu. Visitar Sarajevo es alejarse del estrés y disfrutar. No podéis marcharos de la ciudad sin beber de las dos fuentes de Sebilj. Según dicen, si bebes de ellas, llevarás a Sarajevo dentro de ti durante mucho tiempo.

Yo ya la llevo, por eso hoy me sumo a la rememoración de ese conflicto y de los que le siguieron, en Sarajevo y en los países vecinos, para no olvidar a las casi 100.000 personas que perdieron la vida, hace 20 años. 

Más información en:

jueves, 5 de abril de 2012

Sólo para Gigantes, Gabi Martínez


La historia de Sólo para gigantes es la crónica de una muerte anunciada. La muerte de su protagonista, Jordi Magraner y la búsqueda del autor, Gabi Martínez, de las causas de este suceso.
A Gabi Martínez le llegó a sus manos la historia de Jordi de forma inesperada. Experto en literatura de viajes, ya había escrito otros libros de éxito como Sudd (2007) o Los Mares de Wang (2008), pero fue con Sólo para gigantes cuando le encargaron el tema, algo que no le había pasado hasta entonces.
Portada de Sólo para gigantes
Cuando la editora de Gabi le resumió la historia, no pudo resistirse. Y fue así como se trasladó a Francia para conocer a la familia de Magraner y empezar a recopilar toda la información que le llevaría, meses más tarde a Afganistán y Pakistán, dónde vivió el protagonista, para averiguar qué pasó con su muerte.
Jordi Magraner fue en vida un zoólogo cuyo objetivo principal fue siempre encontrar al yeti. En sus primeras expediciones iba acompañado de una pareja de hermanos, Erik y Yannik, que le ayudaban en las tareas audiovisuales y de montaña. Más adelante, Jordi decidió quedarse a vivir en la zona para poder explorar más en profundidad los terrenos y, a su vez, convivir con los kalash, entender su cultura, aprender su idioma y, quizá, obtener más información sobre las huellas del yeti.
Gabi Martínez
Jordi pasa muchos años en Pakistán, y esta obra de Gabi Martínez no es solo la historia de un hombre que buscaba al yeti. Tampoco es sólo la historia del hombre que buscaba al hombre que buscaba al yeti. Es también la caracterización de un personaje, la investigación, la recopilación de todos los datos existentes sobre una persona para poder entender qué le llevó a trasladarse a Pakistán, cómo evolucionó su personalidad allí, y por qué le mataron.
Sin duda, una obra dónde el viaje se convierte en una búsqueda a dos bandas, una historia de dos personas que se entrecruzan para conseguir sus objetivos, dónde el ansia de uno y otro se hace patente ante el lector, que percibe con gran claridad los sentimientos y las ganas de ambos.
Una lectura obligatoria para todos los amantes de los viajes, pero también para aquellos a los que les gusten las historias con personajes cuya evolución es notoria dentro de la historia. No esperen tampoco un final apoteósico, se trata de una obra generalmente lineal, sin puntos altos o bajos, pero son los detalles los que hacen de esta historia una gran historia.




Capità de la teva vida, Lluís Pastor

A menudo nos preguntamos si somos nosotros los que llevamos el rumbo de nuestra vida o si seguimos los pasos establecidos de un destino que no podemos escoger, que está ahí predeterminado para nosotros. Los hay que opinan que con alguna acción, somos capaces de controlar ese destino escrito para cada uno de nosotros. Y también los hay que justifican cada suceso en su vida con la palabra “destino”, mientras que para otros son solo “casualidades”.
Portada de Capità de la teva vida
En la vida de Lluís Pastor hay un poco de todo, pero él se confiesa firme capitán de su propia vida. Este periodista, comunicador y profesor, no es la primera vez que pone su conocimiento en negro sobre blanco. Ya conocemos de él otras obras como Si un lleó entrés en uns grans magatzems o Retòrica express, todas en catalán.
Pero Capità de la teva vida no es si no un libro a modo de recomendación. El libro está orientado a sus hijas para que, cuando crezcan, puedan cumplir sus objetivos siguiendo el método que él utiliza y ha utilizado desde hace tiempo para llegar a las metas que se propone. Y sin querer, Pastor consigue que sus lectores se llenen de positivismo con sus palabras y se planteen si sus vidas están cogiendo el rumbo que ellos quieren que cojan.

El método es el que utilizan las grandes empresas para conseguir sus objetivos de mercado pero aplicado a la vida personal y, asegura, que a él le ha funcionado y le ha ayudado a pasar de ser un náufrago a ser el capitán de su propia vida.

Lluís Pastor
Aunque sólo lo podrán disfrutar aquellos que hablen catalán, Capità de la teva vida es fundamentalmente un libro que transmite la energía que el autor le pone a su propia vida, enumerando lo que quiere y dando prioridad a aquello que la merece para así lograr el rumbo que le llevará al destino deseado.

domingo, 11 de marzo de 2012

Belgrado en 24 horas


Volver a una ciudad es como leer un libro por segunda vez. Es una segunda experiencia que poco tiene que ver con la primera.
A finales de febrero aterrizaba en el aeropuerto “Nikola Tesla” de Belgrado por primera vez aunque no era la primera vez en el país, ni en su capital. Visité Serbia por primera vez en septiembre de 2010, aunque llegué en autobús desde la pequeña ciudad de Gradiska (Republica Srpska, Bosnia Herzegovina).  
Los viajes en bus de un país a otro de los Balcanes nada tienen que ver con los siempre ajetreados aeropuertos. Un aeropuerto es un desfile de personas de infinidad de procedencias y con infinidad de destinos. Un aeropuerto es lugar de encuentro, de despedida, de sonrisas y de lágrimas. En un aeropuerto se dan cita un sinfín de sentimientos.
En cambio, en autobús, y concretamente en los Balcanes, tengo la impresión de que viajar es un acto más bien cotidiano. No cuesta nada ir al país vecino para visitar a algún familiar o amigo. Es un transporte barato, más o menos rápido, accesible y más o menos cómodo.
Pasar 24 horas en una ciudad no es conocerla, ni tampoco conocer un país. Para ello hace falta más. La anterior vez que visité Belgrado pasé allí unos días, conocí sus gentes, probé sus comidas y visité barrios que se alejan del centro más “turístico” de la ciudad más grande de los Balcanes.
Esta vez, me reencontraba con aquella ciudad que dejé hace año y medio aun sin saber qué sentimientos me iba a deparar y qué aventuras me esperaban en aquellas 24 horas.
Zeleni Venac, o la parada de autobuses más céntrica de la ciudad es donde me reencontré con Filip, un chico serbio que conocí hace casi un año y que me iba a acoger en su casa, junto al resto de jóvenes que liderarán el intercambio juvenil al que asistiremos en un par de semanas en Prijepolje, Serbia.
Después de una cena nada típica, me esperaba una experiencia…diferente. Algo que he ido aprendiendo y que ahora nos reiteran cada día en el máster en periodismo de viajes, es que hay que viajar con la mente totalmente abierta y sin prejuicios.
Entramos en un edificio de la época soviética, una imprenta que cerró sus puertas y dejó de producir hace más de veinte años. El edificio que un día acogió las tareas diarias de la Graficko Drustvo Bigz AD, es hoy en día el punto de encuentro de muchos jóvenes con aspiraciones diferentes. Según me contaba Filip, el gobierno es ahora el propietario de esta finca y lo alquila a aquellos que estén interesados para distintas actividades. Filip tiene una habitación alquilada para tocar con su grupo de música.

Y de noche se convierte en un hervidero de jóvenes con ansias de fiestas alternativas a las que se ofrecen en los bares y clubs del centro de la ciudad de Belgrado. El lugar se me apareció ante los ojos inmenso, altos techos, pasillos oscuros y sin fin, un ascensor claustrofóbico y cuyas pintadas aún hacían que pareciese un espacio más reducido.


video
En el ascensor

Las pocas luces encendidas nos permitían llegar a duras penas de un pasillo a otro, pasando sala tras sala, dejando atrás la salida, que ya me parecía que no iba a saber encontrar de nuevo.

Llegamos a un pasillo muy concurrido. Chaquetas de camuflaje, humo, mucho humo, carcajadas, gente cayéndose en un rincón, cervezas, el suelo pegajoso y el hedor del lavabo que se propagaba por todo el pasillo, que estaba también a oscuras. Todos parecían estar a gusto y estar pasando un rato agradable. Y yo sólo me dedicaba a observar.
Entramos en una de las salas donde se suponía que empezaba un concierto de rock y tras diez minutos que se me hicieron eternos, tuve que salir en busca de oxígeno.
Una hora y media más tarde y con toda mi ropa para lavar (En Serbia en general no hay ley antitabaco, y menos en un lugar como este) salimos de la antigua imprenta.

Amanecer en Belgrado a finales de febrero es amanecer bajo un cielo gris y espeso. La nieve parece que no está nunca de mi lado. En este caso solo la vi en la calle y amontonada en rincones, sucia y deshaciéndose.

Volver a pasear por el Kalemegdan me trajo sorpresas. Esperaba sentir nostalgia o algún sentimiento parecido y solo sentí la felicidad por estar en un sitio que me gusta. El Kalemegdan es una fortaleza y un parque situados en lo alto de una colina en la ciudad de Belgrado. Se ve todo el río y está justo al lado de la confluencia entre los ríos Sava y Danubio. Además, la puesta de sol es incomparable.

Kalemegdan - Febrero 2012

Un paseo junto al río Sava ponía fin a mi expedición Belgrado 24h. Ya espero con ganas la tercera vez que visite sus orillas, que vea las puestas de sol desde el Kalemegdan, o que coma un helado en la calle Knez Mihailova.
Calle Knez Mihailova

Porque volver no quiere decir siempre volver a casa

sábado, 4 de febrero de 2012

Quimio y gafas de sol

Hoy llena mi maleta mi amigo Antonio Franco, con un relato lleno de experiencia, de ganas de vivir, de descubrimiento y aprendizaje.

Antonio sabe que cuando escribe, mi mundo se para, porque me transmite muchísimo. Porque aunque ahora mismo sea difícil entender lo que él siente, consigue ponerme el vello de punta con cada palabra. Pocas personas me producen ese sentimiento.

Conocí a Antonio hace tres años menos tres semanas. En una noche fría de invierno escocés. De fiesta, por supuesto. Salía de casa de Elías con su sonrisa en la cara, transmitiéndome el buen rollo que me transmitiría los cuatro meses siguientes. Hoy, Antonio sigue ahí, como el que más.


 Quimio y gafas de sol
¿Quién dice que no hay una solución?


Uno está siempre tan inmerso en su ritmo de vida, en el día a día y en una huida hacia delante que, en ocasiones, obcecado con el camino que hay que seguir, olvidas que has de mantener en contacto los pies en el suelo para que en lugar de deambular puedas, en definitiva, seguir caminando. Y devorado por un sistema, con la excusa y el pretexto de mirar al futuro para ser parte del mismo, la vida te golpea un día de la forma más inesperada. O bueno, no te golpea, simplemente la vida se comporta como lo que es: la vida. Y para entender la vida hay que entender la muerte… si es que no estamos hablando de los mismos conceptos.

A mi madre le diagnosticaron un tumor cerebral. Un tiempo de despiste, de inseguridad y de diversos fallos de memoria nos despistaban. A esa confusión, dos bajadas de tensión, que achacamos a otros factores, nos querían avisar de lo que ocurría porque, como diría cualquier profesor de Medicina el primer día de clase, el dolor nos pone en alerta de algo que va a ocurrir y para nada se trata del problema en sí. Nublado por lo que siempre te han contado o has malescuchado, consideras que estás preparado para cualquier obstáculo que se pueda presentar pero cuando te comunican una noticia de estas características, te das cuenta de que simplemente estás preparado para entender lo que te están diciendo, pero no para afrontarlo. Nadie nace preparado para enfrentarse a este tipo de cosas. Crees que tu ritmo de vida, el día a día y la huida hacia delante, como antes lo llamaba, te enseñan a estar preparado para lo que te espera pero eso, queridos cómplices del desconcierto (hoy más que nunca), es una patraña que otros que no eres tú se han inventado para intentar explicar de qué va esta historia.

Uno se prepara para lo que hay que afrontar en el mismo momento en que mira de cara al obstáculo y entiende, sin más remedio, que lo que ganamos hoy es lo que habremos de defender mañana. Y entiendes de una vez por todas que lo que pretende conseguir la Vida contigo es evitar que levites (así funciona el “futuro”) y que entiendas, de una vez por todas, que tus pies han de estar en todo momento pegados al suelo para que tú cuerpo ejerza peso sobre ella, sobre la Vida. De hecho, el hombre sólo siente arrepentimiento cuando le araña en las rodillas la arena del piso que nunca ha querido caminar.



miércoles, 25 de enero de 2012

Periodistas y comerciales: haciendo la calle


Acabé la carrera en septiembre. En noviembre entré a trabajar para una delegación comarcal de una cadena de radio de difusión nacional. 

Me gusta mi trabajo. Me levanto cada día aproximadamente a la misma hora. Cojo el coche, o el autobús y entro a la redacción. Con mi informativo bajo el brazo y mi botella de agua en la mano entro en el estudio. Apreto los botoncitos, aquellos que en la universidad nunca acabamos de saber para qué sirven, conecto mi micro y al ruedo! Son 10 minutos de adrenalina máxima, en los que si hay un fallo, sé que todos los que me escuchen lo van a detectar. 


  • Un día me dejé las llaves en la redacción. Ese día no hubo informativo.
  • Mi jefa siempre recordará el día en el que no apreté el botoncito por el que sale la música y los anuncios, con lo que hubieron varios minutos de silencio maravillosos. 
  • El otro día me olvidé de colocar la crónica del racc donde toca. En el momento de "es hora de ver el estado de las carreteras, racc buenos días" hubo otro largo silencio hasta que coloqué la crónica en su sitio y pude hacer que sonara.
  • He salido en antena afónica perdida, con carraspera, con ataques de tos entre crónica y crónica, resfriada, con dolor de estómago, con frío y con calor. 

Seguro que algunas me dejo, y seguro que seguirán viniendo. Es el riesgo del directo. Y me encanta.

La vida en la redacción es lo mejor. Por norma general no es la típica redacción estresada, para nada. Pasamos la mañana entre noticias locales, comarcales, ruedas de prensa, notícias absurdas, tendencias y entrevistas muy interesantes. Ah! y entre tíos buenos, freakadas y twitts. En la variedad se basan nuestras mañanas. 
Hay excepciones, cuando alguna de nosotras falta, y la mañana se convierte en un caos, un descontrol, el momento de la semana donde se pone a prueba nuestra capacidad periodística para dominar 5 cosas a la vez. 

En la redacción hay 4 mesas, 4 ordenadores, 4 sillas. Somos 3 periodistas. Y nos acompaña una comercial, y pronto serán dos. Las cuentas dejarán de cuadrar. 

Hoy he decidido hablar sobre mi trabajo porque lo disfruto. Porque me considero afortunada por tener trabajo como periodista. No hablaré del sueldo, y de ese maravilloso contrato mercantil que nos hacen a las redactoras. Sería hablar una vez más, citando a David Jiménez, de "Putas y periodistas"

Desde que aterricé en esta casa, se viene especulando con el hecho de reformar un despacho y enviar allí a la comercial. Y por gracia y obra de algun jefazo, la que acabará en ese despacho es una de las redactoras. Concretamente mi jefa. 

Vamos a desplazar a una de las periodistas por una comercial. Si no hay euros, el periodismo se va por la ventana. Entran los negocios, los intereses, y "pagant, sant pere canta". Lo último es que la parada del mercado del chino me promocione la noticia del día. Al fin y al cabo, ¿qué más da la información? ¿Qué más da que no haya periodistas en plantilla para poder cubrir las ruedas de prensa que convocan los ayuntamientos a horas intempestivas? ¿Y qué importa que mi informativo de por la mañana se vea reducido a 4 noticias para que quepa la publicidad? Hemos llegado a un punto en el que las únicas que "hacen la calle" en este negocio son las encargadas de vender la publicidad. Las que salen en busca del anunciante que permita que haya noticias. 

Aquí lo importante es que entren anuncios y dinero. No hay más. Aquí, y desde hace unos años en todos los medios. A diario leo artículos de otros periodistas que, como yo, se encuentran en situación de precariedad, que hablan de que el medio donde trabajaban ha tenido que cerrar. Formulan mil y una hipótesis sobre el futuro del periodismo. 

No hay periodismo sin periodistas. El periodismo no se va a acabar. 5 años rodeada de personas que creen en esta profesión y de algunos (pocos) profesores que siguen creyendo en ella, y en nosotros, me hacen pensar que simplemente vamos hacía otro camino. Uno que no conocemos aun, pero que el buen periodismo sobrevivirá a la crisis, a los intereses económicos y políticos. Que siempre habrá un periodista dispuesto a irse a "hacer la calle" al lugar de la noticia y explicarla. 

Llamadme optimista, positiva, pero sigo creyendo en lo que hago. Me gusta mi trabajo, mi profesión. 

Acabo citando al gran Ryszard Kapuscinsky, que en su obra "Los cínicos no sirven para este oficio", refuerza mi teoría. 


"los lectores acaban reconociendo la calidad de nuestro trabajo y asociándola con nuestro nombre. Son ellos los que deciden, no el director".


Ryszard Kapuscinsky (4.03.1932 -  23.01.2007)